Desearía cerrar los ojos y que una suave brisa con el olor del mar me acariciara; pero una losa me aplasta el alma. Me gustaría respirar con la tranquilidad que la experiencia de los años me ha dado y legar a los míos lo que se merecen. En su lugar, una oscura, gorda y fea mariposa revolotea grotescamente, torpemente, pesadamente en la boca de mi estómago. Desasosiego permanente. Garra que atenaza mi garganta hasta entrecortarme el aliento. Lágrima al acecho.
Luego viene la noche. LA NOCHE. El tiempo se convierte en melaza espesa. Frío-calor-frío-calor; me tapo y me destapo, me vuelvo y me revuelvo hasta caer rendida en un sueño sin sueños....
Ya es de día. Cómo se hace para tener fuerzas para levantarse y afrontar otro día más con la misma angustia??.
Me importa un cuerno quiénes somos o de donde vengamos. Estamos aquí y ahora deambulando en el espacio y en el tiempo ignorando lo que ha pasado, sin saber qué retorcido demiurgo lo ha querido así. Porqué no puede ser todo como antes? Quién nos lo ha robado todo? No podemos ni ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente, hasta eso nos han quitado!
Si había una luz al final del túnel, la habrán cortado por falta de pago, porque yo no la veo.
Quiero con toda mi alma tener esperanzas, hacer planes, entusiasmarme y sorprenderme como un niño, ser feliz y hacer felices a los que me rodean, tener ilusión: VIVIR.
Podré?
Sagitario de Chamberí, amante del Arte, viajera incansable y observadora compulsiva de las reacciones humanas que intenta plasmar en sus posts.
viernes, 8 de junio de 2012
miércoles, 3 de agosto de 2011
PRIMERA LÍNEA DE PLAYA (segunda temporada)
...Y aquí estaba yo de nuevo, sombrilla en ristre, entregada a la árdua tarea de encontrar un sitio decente donde clavarla, a poder ser viendo el mar para no tener la sensación de estar en un desierto lleno de locos. Me ubiqué dejando unos dos metros cuadrados de separación con otros veraneantes. No me había acabado de sentar cuando....un clan de nueve personas, entre mayores y pequeños-ignoro su procedencia- se abalanzó sobre aquellos escasos dos metros!(qué detalle por su parte, no fuera a darme un ataque de agorafobia ante tal espacio abierto). Con una destreza, eficiencia y coordinación dignas de un marine, los mayores ponían las dos sombrillas mientras los pequeños enmoquetaban literalmente la arena con todo un muestrario de toallas que iban desde un escudo del Barça hasta High School Musical. No pude más. Decidí ir a pasear por la orilla pero...por dónde pasoooOOO????
Haciendo contorsionismos y posturas que ni yo misma sabía que podía realizar fui sorteando los obstáCULOS. Uff!! Una vez en la orilla puede ver horrorizada cómo un ejército de diminutas personitas, armadas hasta los dientes de cubos y palas de plástico, se hallaban diseminadas a lo largo de todo el litoral: maldición!!!. Unos excavaban con ahínco mientras otros acarreaban cubos de agua que iban perdiendo por el camino hasta llegar casi vacíos. Algunos papás se unían al constructivismo arenícola gozándo a lo grande. Nunca faltan las señoras que atraviesan su tumbona con la mitad dentro del agua (Dios mio, por qué no me diste alas?). Además, este año se ha puesto de moda lo que yo he dado en llamar Mercabeach y se trata ni más ni menos que de poner justo a la orillica cajas con melones, vestidos playeros, tomates y pepinos, relojes multicolores, bragas, pulseras y lechugas, todo expuesto y vociferado hasta la extenuación.
Mejor me baño -pensé-. No sé si era buena idéa. Primero, sortear la capa oleoginosa y los niños petunios chapoteándo, después los grupos de mayores haciendo corrillos como flamencos en las salinas, hablando de sus medicamentos y dolencias. Tuve que esquivar toda una fauna hinchable de vivos colores, desde cocodrilos hasta patos. Voy nadando hacia una boya, uy no!! era una señora con un gorro amarillo flotando como tal!. Sigo nadando y nadando hasta que el vocerío se va alejando poco a poco. Por fin el agua, esa bendita agua del Mediterráneo emerge transparente, cristalína, fresca. Me veo los pies, veo el fondo. Cierro los ojos e inspiro profundamente dejándome mecer por el salino elemento. Una esbelta gaviota planea a pocos metros de mí, toma posición y cae en picado sumergiéndose para pescar algo. Una y otra vez, cada vez más cerca. Al fin me pongo a nadar; sólo el mar y yo. La felicidad existe y, mirándo a la franja multicolor desde la lejanía, me digo que ha merecido la pena.
viernes, 17 de junio de 2011
RERUM MORTEM
Siempre que fallece alguien allegado a nosotros y vamos a sus exequias recordamos lo frágil de nuestra existencia. Volvemos a pensar en lo efímera que es la vida. De nuevo recordamos que no merece la pena estresarnos por tonterías y otra vez nos planteamos disfrutar de todo cuanto nos sea posible; o, según la sabiduría popular tradicional," no somos nadie"," que la vida son dos días" y que "el muerto al hoyo y el vivo al bollo".
En el tanatorio siempre hay un ambiente agobiante; el calor, la gente, los lamentos, el anfitrión expuesto en su vitrina como pieza de museo y la mosca. Siempre la mosca sea invierno o verano, otoño o primavera, allí está sempiterna. He llegado a la conclusión de que es un espécimen autóctono de ese hábitat. Pero, hay algo más que nos hace sentirnos incómodos. Al principio no sabemos lo que es. Por más que traten de enmascararlo con ambientadores, velas o perfumes: el olor de la muerte.
Muchas veces he pensado -demasiadas- cómo será mi entierro, cuantas y qué personas vendrán a despedirme. Seguramente habrá acompañantes de otras que apenas si me conocieron y otras que me hayan conocido demasiado y no hayan podido asistir.
Lo que no me gustaría (aparte de morirme, claro está) es, como he dicho antes, la vitrina-escaparate. Hay algo más íntimo que tu muerte? Entonces por qué te tienen al descubierto, completamente indefensa ante las miradas de todos? porque unas serán de soslayo, otras curiosas, algunas de tristeza, pero todas todas morbosillas. Siempre me ha parecido más bien el escaparate de una tienda en rebajas al que solo le falta el cartel de "últimos restos". Si, ya sé que es llegar demasiado lejos, pero no puedo evitarlo.
Y lo que me gustaría es que luego todos se fueran a oír buena música, a brindar por mí y a recordar los buenos momentos que compartí con todos. (pena no poder participar del evento, coñe!)
Para concluir diré que hay una pregunta existencial que me vengo planteando seriamente: habrá Gin-Tónics al otro lado?
sábado, 31 de julio de 2010
EL GRAN ENLACE EGIPCIO
Hoy, tras largos meses "en blanco" para escribir algo decente en este humilde blog, me ha llegado la inspiración tras un comentario en facebook de un buen amigo. La cincuentaporcentista parte de Simon&Saker, gran compositor, amigo, casi-hijo, Simoneto, ha comentado su asitencia a dos bodas en Marruecos ya que su esposa, Imán - a quien tambien tengo mucho aprecio pese a vernos tan pocas veces- es de ese país vecino tan cercano a nuestra cultura mucho más que cualquier otro del centro-norte europeo (aunque muchos no quieran admitirlo)
Pues bien; esto me ha dado que pensar... o mejor, que recordar....
Hallábame yo en El Cairo (mil veces querido) hacia los años 90´ con mi hijo Omar, con motivo de que conociera a parientes y tierras que le pertenecían por derecho propio - como hiciera con sus dos hermanos en diferentes ocasiones-.
Un día recibimos la noticia: el enlace de mi sobrina Maroa y su prometido Ibrahim!!! . Sólo faltaban tres días y yo sin nada que ponerme para tan sobrio evento.
Recorrí todo el centro cairota con mi cuñada en busca de vestimenta adecuada.
A todas estas yo ya había asistido a bodas en pueblos remotos de la capital e incluso en barriadas de esta: sillones de estilo egicio-napoleónico con sus maderas cubiertas de pan de oro y tapizados de ricas telas...terciopelo, raso... Hombres disparando fusiles a modo de los petardos de aquí...La salida de la novia, espectacular; todas las vecinas salian a las puertas de sus casas entonando "la shucruta", sonido fonológico que ninguna lengua puede transcribir. (está bien, lo intentaré......blblblblblblblay).
Pero este no era el caso, ya que mi familia egipcia pertenece a clase "pelín" alta.
Total, que tan fastuoso evento se celebraba en un precioso hotel junto a las orillas del Nilo con toda la pompa requerida.
Asistimos en los mejores coches particulares, pulidos mercedes de alquiler e incluso carruajes tirados por bellos corceles.
Tras una puerta que conducía a un bello jardín de sicomoros iluminados por luces indirectas de colores, nos recibió un educado jóven que nos condujo hacia los grandes salones engalanados. Medio centenear de mesas redondas y sus sillas forradas al unísono de un raso rosa pastel. Grandes espejos en todas las paredes. Músicos dispuestos a tocar. Gente "guapa", enjoyada, expectante, cotillas, niños (como los de cualquier nacionalidad, jugueteando, correteando, chillando) que se enredaban en las faldas al vuelo de las invitadas. Invitados que les daban a dichas criaturas unas monedas o chucherías para que les dejaran en paz....en definitiva, todo un cortejo de asistentes bastante tópicos.
Presentaciones. Más presentaciones. Sonrisas (más falsas que el alma de Judas), besos...
Tras media hora: "Esta es mi tía fulanita, mi primo menganito, el hemano del primo de mi suegro por parte materna....................................Uff!
(Pero bueno, Cuando llega el convite, que tengo una sed lobuna??)
Al fín alguien me indica una serie de habitaculos contiguos al gran salón donde se exiben viandas dignas del rey Salomón: Emparedados de queso y lunchen, aves volatineras de las más apreciadas especies como faisán gelatinizado, pavo en fiambre, pato a la naranja, pichones caramelizados. ("Dios, que sed")
Sigo. Roastbeef en su jugo, pescados a la brasa.... ("a estas alturas mi lengua es de corcho").
Os mentiría si os dijera que puedo recordar todo lo que allí había.
Con mi plato repleto de exquisiteces del bufet, tomé asiento junto a mi familia y amistades en una linda mesa forrada con un tapete rosa lleno le lacitos al igual que el resto. Al pronto, y con la cara sofocada, mis ojos se dirijen hacia un punto concreto, único elemento de tan rica mesa : UN VASO...de agua!!!. Me dirijo a un solícito camarero:
Yo -"oiga, por favor, sería tan amable de traerme un vaso de agua?"...
El camarero: -"pues ya lo tiene usted ahí."
Yo- Pero, yo quiero uno para mí sola.
El camarero: ¿....? (comorrr)
....................................................
Esto es el colmo, ni agua!!!
Música, bailes. Fotos, muchas fotos y besuqueos...Y me fuí de allí con más sed que vergüenza.
Hubiera dado parte de mi vida por UNA MAHOU HELADA!!!, Creédme.
Pues bien; esto me ha dado que pensar... o mejor, que recordar....
Hallábame yo en El Cairo (mil veces querido) hacia los años 90´ con mi hijo Omar, con motivo de que conociera a parientes y tierras que le pertenecían por derecho propio - como hiciera con sus dos hermanos en diferentes ocasiones-.
Un día recibimos la noticia: el enlace de mi sobrina Maroa y su prometido Ibrahim!!! . Sólo faltaban tres días y yo sin nada que ponerme para tan sobrio evento.
Recorrí todo el centro cairota con mi cuñada en busca de vestimenta adecuada.
A todas estas yo ya había asistido a bodas en pueblos remotos de la capital e incluso en barriadas de esta: sillones de estilo egicio-napoleónico con sus maderas cubiertas de pan de oro y tapizados de ricas telas...terciopelo, raso... Hombres disparando fusiles a modo de los petardos de aquí...La salida de la novia, espectacular; todas las vecinas salian a las puertas de sus casas entonando "la shucruta", sonido fonológico que ninguna lengua puede transcribir. (está bien, lo intentaré......blblblblblblblay).
Pero este no era el caso, ya que mi familia egipcia pertenece a clase "pelín" alta.
Total, que tan fastuoso evento se celebraba en un precioso hotel junto a las orillas del Nilo con toda la pompa requerida.
Asistimos en los mejores coches particulares, pulidos mercedes de alquiler e incluso carruajes tirados por bellos corceles.
Tras una puerta que conducía a un bello jardín de sicomoros iluminados por luces indirectas de colores, nos recibió un educado jóven que nos condujo hacia los grandes salones engalanados. Medio centenear de mesas redondas y sus sillas forradas al unísono de un raso rosa pastel. Grandes espejos en todas las paredes. Músicos dispuestos a tocar. Gente "guapa", enjoyada, expectante, cotillas, niños (como los de cualquier nacionalidad, jugueteando, correteando, chillando) que se enredaban en las faldas al vuelo de las invitadas. Invitados que les daban a dichas criaturas unas monedas o chucherías para que les dejaran en paz....en definitiva, todo un cortejo de asistentes bastante tópicos.
Presentaciones. Más presentaciones. Sonrisas (más falsas que el alma de Judas), besos...
Tras media hora: "Esta es mi tía fulanita, mi primo menganito, el hemano del primo de mi suegro por parte materna....................................Uff!
(Pero bueno, Cuando llega el convite, que tengo una sed lobuna??)
Al fín alguien me indica una serie de habitaculos contiguos al gran salón donde se exiben viandas dignas del rey Salomón: Emparedados de queso y lunchen, aves volatineras de las más apreciadas especies como faisán gelatinizado, pavo en fiambre, pato a la naranja, pichones caramelizados. ("Dios, que sed")
Sigo. Roastbeef en su jugo, pescados a la brasa.... ("a estas alturas mi lengua es de corcho").
Os mentiría si os dijera que puedo recordar todo lo que allí había.
Con mi plato repleto de exquisiteces del bufet, tomé asiento junto a mi familia y amistades en una linda mesa forrada con un tapete rosa lleno le lacitos al igual que el resto. Al pronto, y con la cara sofocada, mis ojos se dirijen hacia un punto concreto, único elemento de tan rica mesa : UN VASO...de agua!!!. Me dirijo a un solícito camarero:
Yo -"oiga, por favor, sería tan amable de traerme un vaso de agua?"...
El camarero: -"pues ya lo tiene usted ahí."
Yo- Pero, yo quiero uno para mí sola.
El camarero: ¿....? (comorrr)
....................................................
Esto es el colmo, ni agua!!!
Música, bailes. Fotos, muchas fotos y besuqueos...Y me fuí de allí con más sed que vergüenza.
Hubiera dado parte de mi vida por UNA MAHOU HELADA!!!, Creédme.
martes, 16 de febrero de 2010
UNA NOCHE, UN CARNAVAL
Mi nombre es Máximo Galiana, pero todos me llaman Max. Mi padre quería que fuera médico, pero para su desdicha le comuniqué que quería ser escultor. "Bueno, le dije; al fín y al cabo son dos maneras distintas de estudiar la anatomía humana". Así pues, cuando llegó el momento de realizarme como artísta, alquilé un pequeño estudio cerca de Malasaña (me encanta este barrio).
Ahora estoy trabajando en una Venus. Estoy contento pues su aspecto es ligero y parece que flotara. Sin enbargo, no logro cincelar los rasgos de su cara...es extraño.
Hace unos días recibí una invitación para hoy viernes, de mi amiga Virginia que celebrará su cumple a la vez que el estreno del piso que se ha comprado en las afueras, en una nueva urbanización. Su regalo? una pluma Mont Blanc tan bonita como cara que, más vale que le guste!
Después de comer algo me puse a trabajar en la venus. Tenía tiempo, ya que la fiesta sería al rededor de las diez. Cuando quise darme cuenta... era casi esa hora!!! Me dí una ducha rápida, me vestí y salí pitando. Me llevó un tiempo encontrar la dirección, casi una hora. En la nueva urbanización no había nadie por la calle y los pisos estaban aún vacíos en su mayor parte. Me encaminé hacia el portal y ví a una chica que estaba abriendo en ese momento. -Espera!, le dije. Ella me miró con recelo y le dije que si conocía a Virginia, que iba a su cumple. Ya más tranquila, me dijo que ella también, que le había dado una copia de su llave, pues no hay vecinos todavía y que tenía que dar de comer a Zappe cuando ella estaba fuera.
La miré de reojo una o dos veces y me pareció que no estaba nada, pero que nada mal. Mientras bajaba el ascensor ví que llevaba un vestido negro y rojo de estilo retro pero muy corto y que le sentaba como un guante. Ya en la cabina ella pulsó el 7º. Algo iba a decir, para romper el silencio, cuando... se fue la luz y el ascensor se paro con un leve respingo. -Vaya!, dijimos al unísono. Tocamos el timbre pero nadie parecía oírlo. Sacamos sendos móviles, pero no había cobertura.
-Cómo te llamas?, pregunté. -Estrella, contestó. -Y tú?. -Todos me llaman Max. Al cabo de unos segundos sonrió. Que curioso... juntando nuestros nombres resulta el del protagonísta de Luces de Bohemia, Max Estrella. Si esto fuera una novela, sería un guiño del autor en homenaje a don Ramón María. Asentí diciendo que a mí también me encanta Valle-Inclán. La luz -que no era de bohemia- no venía y, poco a poco, empezamos a hablar y hablar. Parece mentira como en tan poco tiempo nos pudimos contar toda nuestra vida. La verdad es que estábamos a gusto. Me enteré de que vivía con sus padres; que conocía a Virginia desde la Facultad de Periodismo; que amaba la literatura, el mar; que colaboraba con la revista Hoy; y...un largo etc. Parece que la conociera de toda la vida. De repente volvió la luz y con nuestros ojos semicerrados por la repentina claridad, suspiramos pensando "no quiero que esto se acabe, por favor". Entonces nos miramos con complicidad y en nuestra cara fue apareciendo una sonrisa maligna mientras apretamos el botón de la B.
Salimos del portal corriendo de la mano y riendo a carcajadas como dos niños tras unas travesura inconfesable. -A dónde quieres ir?, pregunté. -Tengo hambre, contestó.
Conduje hasta mis dominios y entramos en Berto`s, un asador argentino abierto 24h. donde preparan un entrecot a la parrilla digno de un "cometa Michelín". Lo acompañamos con patatas fritas, ensalada César y un riquísimo vino de allá. Lo devoramos todo con fruición y nos fuimos a bajar calorías al "Brain", un garito de moda, donde pinchan buen house. Bebimos, bailamos y reímos a grandes dósis. Ya bastante cansados pero sin querer rendirnos, nos dirigimos al "Blues&Blues", un piano-bar tranquilo, cuya música en directo te envuelve y relaja. Bailamos muy juntos, en silencio. Las mariposas de mi estómago me llegaban a la garganta. Nuestros labios se fueron encontrando hasta terminar en un apasionado y deseado beso mientras sonaba una canción de Ella Fitzgerald. No terminamos nuestra copa. Entramos en mi estudio e hicimos el amor durante horas.
A los pocos días había otro cepillo de dientes en mi baño y más ropa en el armario. Éramos tan felices, que es difícil de explicar.
Al fin puse cara a mi venus; la cara de Estrella.
Pasaron los meses y un buen día, no sé cómo ni cuando, me dí cuenta de que discutíamos demasiado; de que nos llevábamos la contraria en cada cosa que el otro decía. Incluso llegamos a ridiculizarnos el uno al otro delante de los demás. Qué pasaba?, en qué habíamos fallado? Lo único que sé es que el deseo se había transformado en rutina, la complicidad en desdén y la ilusión en desencanto. Cierto día, al volver de comprar unos cinceles, Estrella no estaba. Ni su ropa, ni su cepillo de dientes.
Ha pasado ya un año y medio. A penas salgo. Muchos de los amigos son comunes y siempre surge el tema que quiero evitar a toda costa, pues me sigue doliendo.
Hace unos días ví anunciado en internet "Gran Fiesta de Carnaval". Porqué no? -me dije. Algún sitio lejos, el finde, yo solo a la aventura...Reservé en un pueblo, cerca de Lugo, una habitación en una especie de castillo, habilitado para la ocasión: Cena de gala, gran fiesta de disfraces y una habitación donde "dormir la mona":qué más se puede pedir? Si, claro, un disfraz! Me dirigí al centro a ver que encontraba. Sólo quedaba uno...de Batman, por Dios!!! Por lo menos era de mi talla.
El sitio era superagradable, con gran ambiente y muy concurrido. Después de cenar y charlar con un montón de gente disfrazada nos dirigimos a un espectacular salón medieval pero con una barra libre que ya hubieran querido para sí los reyes godos, empezó la música. Miré en derredor buscando "algo" de interés que no fuera histórico ni artístico. Entonces ví a Caperucita con un antifaz a juego y largas trenzas rubias que sostenía un gintónic azul fosforescente. Me acerqué. Ella me espetó -sé lo que estás pensando y la respuesta es no. -Perdona?, dije yo. -Si, conozco las habladurías de que estoy liada con el lobo, pero no. La verdad es que estaba colgado por mi abuela y llegó a comérsela por los celos que tenía del leñador. -Pues, a lo primero te diré, que él se lo ha perdido y a lo segundo, que lo siento por tu abuela, contesté yo. Bailas?...pues vamos "volando" , que los dos tenemos capa. Nos fundimos en un marasmo multicolor de rostros anónimos y flotamos en un fluido de globos, serpentinas y confeti. No lo pasaba tan bien desde...aquel día en el ascensor, pero, qué diablos, hay que divertirse a tope! El tiempo parecía no pasar. Nos fuimos a fumar frente a una gran cristalera desde la que se veían unos jardines iluminados aunque inaccesibles en esta época del año. De repente alguien anunció por los altavoces: HA LLEGADO EL MOMENTO. CONTAREMOS HASTA DIEZ PARA ATRÁS Y ...TODO EL MUNDO A QUITARSE LAS MÁSCARAS!!!
"Diez, nueve, ocho,.. ... ... .. .tres, dos, uno.....Fuera máscaras"... Nuestros ojos se iluminaron asombrados: -Estrella!!! -Max!!! Nos abrazamos y fuimos felices y comimos regalices forever after!
Ahora estoy trabajando en una Venus. Estoy contento pues su aspecto es ligero y parece que flotara. Sin enbargo, no logro cincelar los rasgos de su cara...es extraño.
Hace unos días recibí una invitación para hoy viernes, de mi amiga Virginia que celebrará su cumple a la vez que el estreno del piso que se ha comprado en las afueras, en una nueva urbanización. Su regalo? una pluma Mont Blanc tan bonita como cara que, más vale que le guste!
Después de comer algo me puse a trabajar en la venus. Tenía tiempo, ya que la fiesta sería al rededor de las diez. Cuando quise darme cuenta... era casi esa hora!!! Me dí una ducha rápida, me vestí y salí pitando. Me llevó un tiempo encontrar la dirección, casi una hora. En la nueva urbanización no había nadie por la calle y los pisos estaban aún vacíos en su mayor parte. Me encaminé hacia el portal y ví a una chica que estaba abriendo en ese momento. -Espera!, le dije. Ella me miró con recelo y le dije que si conocía a Virginia, que iba a su cumple. Ya más tranquila, me dijo que ella también, que le había dado una copia de su llave, pues no hay vecinos todavía y que tenía que dar de comer a Zappe cuando ella estaba fuera.
La miré de reojo una o dos veces y me pareció que no estaba nada, pero que nada mal. Mientras bajaba el ascensor ví que llevaba un vestido negro y rojo de estilo retro pero muy corto y que le sentaba como un guante. Ya en la cabina ella pulsó el 7º. Algo iba a decir, para romper el silencio, cuando... se fue la luz y el ascensor se paro con un leve respingo. -Vaya!, dijimos al unísono. Tocamos el timbre pero nadie parecía oírlo. Sacamos sendos móviles, pero no había cobertura.
-Cómo te llamas?, pregunté. -Estrella, contestó. -Y tú?. -Todos me llaman Max. Al cabo de unos segundos sonrió. Que curioso... juntando nuestros nombres resulta el del protagonísta de Luces de Bohemia, Max Estrella. Si esto fuera una novela, sería un guiño del autor en homenaje a don Ramón María. Asentí diciendo que a mí también me encanta Valle-Inclán. La luz -que no era de bohemia- no venía y, poco a poco, empezamos a hablar y hablar. Parece mentira como en tan poco tiempo nos pudimos contar toda nuestra vida. La verdad es que estábamos a gusto. Me enteré de que vivía con sus padres; que conocía a Virginia desde la Facultad de Periodismo; que amaba la literatura, el mar; que colaboraba con la revista Hoy; y...un largo etc. Parece que la conociera de toda la vida. De repente volvió la luz y con nuestros ojos semicerrados por la repentina claridad, suspiramos pensando "no quiero que esto se acabe, por favor". Entonces nos miramos con complicidad y en nuestra cara fue apareciendo una sonrisa maligna mientras apretamos el botón de la B.
Salimos del portal corriendo de la mano y riendo a carcajadas como dos niños tras unas travesura inconfesable. -A dónde quieres ir?, pregunté. -Tengo hambre, contestó.
Conduje hasta mis dominios y entramos en Berto`s, un asador argentino abierto 24h. donde preparan un entrecot a la parrilla digno de un "cometa Michelín". Lo acompañamos con patatas fritas, ensalada César y un riquísimo vino de allá. Lo devoramos todo con fruición y nos fuimos a bajar calorías al "Brain", un garito de moda, donde pinchan buen house. Bebimos, bailamos y reímos a grandes dósis. Ya bastante cansados pero sin querer rendirnos, nos dirigimos al "Blues&Blues", un piano-bar tranquilo, cuya música en directo te envuelve y relaja. Bailamos muy juntos, en silencio. Las mariposas de mi estómago me llegaban a la garganta. Nuestros labios se fueron encontrando hasta terminar en un apasionado y deseado beso mientras sonaba una canción de Ella Fitzgerald. No terminamos nuestra copa. Entramos en mi estudio e hicimos el amor durante horas.
A los pocos días había otro cepillo de dientes en mi baño y más ropa en el armario. Éramos tan felices, que es difícil de explicar.
Al fin puse cara a mi venus; la cara de Estrella.
Pasaron los meses y un buen día, no sé cómo ni cuando, me dí cuenta de que discutíamos demasiado; de que nos llevábamos la contraria en cada cosa que el otro decía. Incluso llegamos a ridiculizarnos el uno al otro delante de los demás. Qué pasaba?, en qué habíamos fallado? Lo único que sé es que el deseo se había transformado en rutina, la complicidad en desdén y la ilusión en desencanto. Cierto día, al volver de comprar unos cinceles, Estrella no estaba. Ni su ropa, ni su cepillo de dientes.
Ha pasado ya un año y medio. A penas salgo. Muchos de los amigos son comunes y siempre surge el tema que quiero evitar a toda costa, pues me sigue doliendo.
Hace unos días ví anunciado en internet "Gran Fiesta de Carnaval". Porqué no? -me dije. Algún sitio lejos, el finde, yo solo a la aventura...Reservé en un pueblo, cerca de Lugo, una habitación en una especie de castillo, habilitado para la ocasión: Cena de gala, gran fiesta de disfraces y una habitación donde "dormir la mona":qué más se puede pedir? Si, claro, un disfraz! Me dirigí al centro a ver que encontraba. Sólo quedaba uno...de Batman, por Dios!!! Por lo menos era de mi talla.
El sitio era superagradable, con gran ambiente y muy concurrido. Después de cenar y charlar con un montón de gente disfrazada nos dirigimos a un espectacular salón medieval pero con una barra libre que ya hubieran querido para sí los reyes godos, empezó la música. Miré en derredor buscando "algo" de interés que no fuera histórico ni artístico. Entonces ví a Caperucita con un antifaz a juego y largas trenzas rubias que sostenía un gintónic azul fosforescente. Me acerqué. Ella me espetó -sé lo que estás pensando y la respuesta es no. -Perdona?, dije yo. -Si, conozco las habladurías de que estoy liada con el lobo, pero no. La verdad es que estaba colgado por mi abuela y llegó a comérsela por los celos que tenía del leñador. -Pues, a lo primero te diré, que él se lo ha perdido y a lo segundo, que lo siento por tu abuela, contesté yo. Bailas?...pues vamos "volando" , que los dos tenemos capa. Nos fundimos en un marasmo multicolor de rostros anónimos y flotamos en un fluido de globos, serpentinas y confeti. No lo pasaba tan bien desde...aquel día en el ascensor, pero, qué diablos, hay que divertirse a tope! El tiempo parecía no pasar. Nos fuimos a fumar frente a una gran cristalera desde la que se veían unos jardines iluminados aunque inaccesibles en esta época del año. De repente alguien anunció por los altavoces: HA LLEGADO EL MOMENTO. CONTAREMOS HASTA DIEZ PARA ATRÁS Y ...TODO EL MUNDO A QUITARSE LAS MÁSCARAS!!!
"Diez, nueve, ocho,.. ... ... .. .tres, dos, uno.....Fuera máscaras"... Nuestros ojos se iluminaron asombrados: -Estrella!!! -Max!!! Nos abrazamos y fuimos felices y comimos regalices forever after!
martes, 2 de febrero de 2010
EXILIO A LA DESESPERACIÓN
Cuando César Calleja llegó a su trabajo ese día, y le comunicaron su inminente despido, se quedó atónito. Veinticinco años de su vida se iban a quedar en esa fábrica de bombillas. ¿Qué iba a hacer ahora, a sus 56 años y sin más experiencia que la de hacer filamentos de lámparas? Presintió en ese momento que su vida iba a experimentar más cambios que los de Gregorio Samsa, el cucarachil protagonista de La Metamorfósis. En efecto, la situación era Kafkiana.
Pensó en su familia y en cómo se lo iba a decir. Pese a que su sueldo no era para tirar cohetes, nunca les faltó de nada, y es que su esposa Consuelo siempre fue buena administradora y hacía de un céntimo dos.
Sí, nunca les faltó de nada...hasta fueron de viaje de novios a Gandía a conocer el mar. Que felices eran y cuantas expectativas tenían!... Un fotógrafo les hizo una foto que, desde entonces lleva siempre encima, al igual que las de sus dos hijos, Jose Vicente -como su abuelo- y Laurita, su ojito derecho.
Precisamente, en su pasado cumpleaños, los tres le regalaron un billetero de piel donde guardaba las fotos... porque lo que es billetes... y menos a partir de ahora.
Cuando cumplió 16 años, Laurita entró a trabajar de aprendiz en la peluquería del barrio y Jose Vicente entró como vendedor de libros a domicilio a los 18. "Es imprescindible causar buena impresión", decía Consuelo; así que rompiendo la economía familiar, hubo que comprarle un traje. Era de saldo, mal confeccionado y de un color azul extraño, pero traje, al fin y al cabo. Cuando se lo puso el primer día, con una camisa y una corbata de su padre, Consuelo se emocionó y le despidió con lágrimas en los ojos. "Que guapo estás. Seguro que vas a vender mucho, ya verás!"
César se acostó aquella noche taciturno. No había dicho nada del despido. Al cabo de varias noches se levantó sigilosamente, dejándo en la mesa de la salita su DNI, la cartilla de la Seguridad Social, un sobre con su liquidación y una nota que sólo decía "Os quiero más que a nada en el mundo". Ya en la puerta echó un último vistazo a lo que había sido su hogar y salió cerrando la puerta tras de sí.
Estuvo vagando varios días. Las noches de finales de mayo eran agradables. En ese mundillo de los desheredados hay buenas gentes que te ayudan en lo poco que pueden, pero pronto aprendió que también proliferan individuos que, como hienas luchan en la selva de hormigón por cualquier migaja.
Los días pasaban y César solía pernoctar en un túnel que hacía de pasadizo entre dos calles. Compartía con sus amigos de fatigas los yogures caducados y el pan de ayer que a veces le daban
en algún supermercado.
Se acercaba la Navidad. ¿Cómo estaria su familia? Dios, cómo les echaba de menos!
Una tarde, se armó de valor y se encaminó hacia su casa. Esperó en la acera de enfrente. Llevaba un gorro bien encasquetado y una bufanda subida hasta los ojos. Esperó, esperó. Ya casi se iba a ir, cuando la vió. Su querida Consuelo. El pelo encanecido, mucho más delgada. Caminaba encorvada y arrastrando los pies. Portaba una raquítica bolsa de la compra y, desapareció en el portal.
Anduvo sin rumbo hasta que entró en los urinarios de un parque. Escuchó un grito ahogado y unas palabras incomprensibles. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz mortecina, pudo ver a una jóven amenazada por un tipo pelirrojo y grandullón. "Déjala ya", dijo sin pensarlo. El individuo se volvió y le dijo "no te metes dónde no ti yaman", mientras la chica huía. Entonces, el hombre le propinó un empujón y salió de allí. César rebotó en la pared y cayó de culo manchándose las manos con el limo viscoso del suelo. Se levantó y abrió el grifo de un lavabo que aguna vez fuera blanco, pero no tenía agua. Se miró en el espejo roto y turbio y un extraño le devolvió la mirada primero sorprendida, luego cansada y por último de un denso reproche.
Cuando salió de allí, era de noche cerrada y había empezado a nevar. Copos grandes y esponjosos empezaban a cuajar en el parque. Miraba los bloques de pisos. Todos diferentes, todos iguales. Siempre le gustaba imaginarse quienes vivían allí. Estaría una familia cenando una humeante sopa de picadillo como las que hacía su Consuelo? Una tripa le rugió. Buscó refugio junto a unos setos, cubriéndose con unos periódicos y un trozo de cartón de un contenedor y se acurrucó lo mejor que pudo. La respiración se congelaba en el aire. Cerró los ojos apretándose la cartera de piel con las fotos contra su pecho. Intentó llorar, pero el viento glacial le congelaba las lágrimas antes de salir. Pensó en su madre. Seguramente, cuando le tuvo en sus brazos por primera vez, no hubiera sospechado que destino le aguardaba. Ella le contaba que le puso de nombre César como los grandes emperadores romanos. Menuda paradoja; César Calleja, el soberano de los callejones.
Le costaba trabajo pensar. Ya no tenía frío. Una luz intensa, como el sol de la playa de Gandía lo cubría todo.
EPÍLOGO
Cuando al día siguiente dos municipales buscaban alguna identificación y vieron la cartera de piel se dijeron "mira que cartera más maja. Y es buena. A saber de dónde la sacaría el pobre diablo".
Pensó en su familia y en cómo se lo iba a decir. Pese a que su sueldo no era para tirar cohetes, nunca les faltó de nada, y es que su esposa Consuelo siempre fue buena administradora y hacía de un céntimo dos.
Sí, nunca les faltó de nada...hasta fueron de viaje de novios a Gandía a conocer el mar. Que felices eran y cuantas expectativas tenían!... Un fotógrafo les hizo una foto que, desde entonces lleva siempre encima, al igual que las de sus dos hijos, Jose Vicente -como su abuelo- y Laurita, su ojito derecho.
Precisamente, en su pasado cumpleaños, los tres le regalaron un billetero de piel donde guardaba las fotos... porque lo que es billetes... y menos a partir de ahora.
Cuando cumplió 16 años, Laurita entró a trabajar de aprendiz en la peluquería del barrio y Jose Vicente entró como vendedor de libros a domicilio a los 18. "Es imprescindible causar buena impresión", decía Consuelo; así que rompiendo la economía familiar, hubo que comprarle un traje. Era de saldo, mal confeccionado y de un color azul extraño, pero traje, al fin y al cabo. Cuando se lo puso el primer día, con una camisa y una corbata de su padre, Consuelo se emocionó y le despidió con lágrimas en los ojos. "Que guapo estás. Seguro que vas a vender mucho, ya verás!"
César se acostó aquella noche taciturno. No había dicho nada del despido. Al cabo de varias noches se levantó sigilosamente, dejándo en la mesa de la salita su DNI, la cartilla de la Seguridad Social, un sobre con su liquidación y una nota que sólo decía "Os quiero más que a nada en el mundo". Ya en la puerta echó un último vistazo a lo que había sido su hogar y salió cerrando la puerta tras de sí.
Estuvo vagando varios días. Las noches de finales de mayo eran agradables. En ese mundillo de los desheredados hay buenas gentes que te ayudan en lo poco que pueden, pero pronto aprendió que también proliferan individuos que, como hienas luchan en la selva de hormigón por cualquier migaja.
Los días pasaban y César solía pernoctar en un túnel que hacía de pasadizo entre dos calles. Compartía con sus amigos de fatigas los yogures caducados y el pan de ayer que a veces le daban
en algún supermercado.
Se acercaba la Navidad. ¿Cómo estaria su familia? Dios, cómo les echaba de menos!
Una tarde, se armó de valor y se encaminó hacia su casa. Esperó en la acera de enfrente. Llevaba un gorro bien encasquetado y una bufanda subida hasta los ojos. Esperó, esperó. Ya casi se iba a ir, cuando la vió. Su querida Consuelo. El pelo encanecido, mucho más delgada. Caminaba encorvada y arrastrando los pies. Portaba una raquítica bolsa de la compra y, desapareció en el portal.
Anduvo sin rumbo hasta que entró en los urinarios de un parque. Escuchó un grito ahogado y unas palabras incomprensibles. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz mortecina, pudo ver a una jóven amenazada por un tipo pelirrojo y grandullón. "Déjala ya", dijo sin pensarlo. El individuo se volvió y le dijo "no te metes dónde no ti yaman", mientras la chica huía. Entonces, el hombre le propinó un empujón y salió de allí. César rebotó en la pared y cayó de culo manchándose las manos con el limo viscoso del suelo. Se levantó y abrió el grifo de un lavabo que aguna vez fuera blanco, pero no tenía agua. Se miró en el espejo roto y turbio y un extraño le devolvió la mirada primero sorprendida, luego cansada y por último de un denso reproche.
Cuando salió de allí, era de noche cerrada y había empezado a nevar. Copos grandes y esponjosos empezaban a cuajar en el parque. Miraba los bloques de pisos. Todos diferentes, todos iguales. Siempre le gustaba imaginarse quienes vivían allí. Estaría una familia cenando una humeante sopa de picadillo como las que hacía su Consuelo? Una tripa le rugió. Buscó refugio junto a unos setos, cubriéndose con unos periódicos y un trozo de cartón de un contenedor y se acurrucó lo mejor que pudo. La respiración se congelaba en el aire. Cerró los ojos apretándose la cartera de piel con las fotos contra su pecho. Intentó llorar, pero el viento glacial le congelaba las lágrimas antes de salir. Pensó en su madre. Seguramente, cuando le tuvo en sus brazos por primera vez, no hubiera sospechado que destino le aguardaba. Ella le contaba que le puso de nombre César como los grandes emperadores romanos. Menuda paradoja; César Calleja, el soberano de los callejones.
Le costaba trabajo pensar. Ya no tenía frío. Una luz intensa, como el sol de la playa de Gandía lo cubría todo.
EPÍLOGO
Cuando al día siguiente dos municipales buscaban alguna identificación y vieron la cartera de piel se dijeron "mira que cartera más maja. Y es buena. A saber de dónde la sacaría el pobre diablo".
jueves, 3 de diciembre de 2009
BIO-EJE DE SIMETRÍA (no apto para días "depres"
Mañana cumplo años; cuarenta y doce, como dice Jose, pero que pese al eufemismo bienintencionado, no son moco de pavo. Y, llegados a este punto de la existencia, me pongo a reflexionar qué sentido tiene todo esto. Entonces elaboro la pseudoteoría del Bio-Eje, y digo pseudo porque es aplicable en un sentido muy generalizado. Se excluyen las causas ajenas como enfermedades, accidentes, guerras, etc...
Cuando vemos un bebé solemos decir - "Que a gusto está y qué feliz es". Nada más lejos de la verdad. Los bebés están ahí; no tienen ni siquiera conciencia de sí mismos; en mi opinión, sienten la misma felicidad que una ameba.
Llega la etapa del aprendizaje. Nos ayudan a andar, a comer y también nos mudan los pañales. Dependemos en todo de los adultos. De hecho, durante una gran etapa de nuestra vida, todo el mundo, menos los amiguitos, son mayores que nosotros: médicos, profesores, actores, camareros... -"No hagas esto, no hagas lo otro, te lo tienes que comer todo... ". Un horror.
Llegada la pubertad empezamos a hacer "nuestros pinitos", acrobacias y caídas. Cuando somos adultos, tomamos nuestras propias decisiones y, puede que nos equivoquemos, ... pero, qué libertad se siente!!!. Tenemos una vida estable, un trabajo, una pareja; todo lo que de niños anhelabamos ser. Luego vienen los hijos, las responsabilidades de verdad y, sin nosotros darnos cuenta, nos hallamos en nuestro zenit. Es cuando nuestro nivel intelectual es mayor; cuando más guapos somos; cuando mejor nos lo pasamos, y ahí es cuando aparece, aunque invisible como toda linea axial que se precie, nuestro Bio-eje de simetria. Nos creemos los amos del universo y que eso de envejecer, de dolores y de achaques no va con uno. Eso sólo le pasa a los demás.
De repente, un buen día, nos vemos una incipiente arruga, alguna cana y que nos duele una rodilla cuando cambia el tiempo. También adviertes que la mayoría de las personas a tu alrededor son más jóvenes: peluqueros, actores, dependientes... Tus propios hijos te pueden decir qué hacer y qué no.
Pasado el tiempo nos tendrán que ayudar a comer, a andar, a vestirnos y, en última instancia (horror de los horrores) a cambiarnos los pañales. Llegado el momento nos sumiremos en ese letargo -o eso desearía yo para no ser consciente de ello-. No es que seamos mayores. No pertenecemos a la tercera edad; somos simplemente VIEJOS.
Creo que ya no tendremos conciencia ni de nosotros mismos. En mi opinión, sentiremos la misma felicidad de una ameba.
Cuando vemos un bebé solemos decir - "Que a gusto está y qué feliz es". Nada más lejos de la verdad. Los bebés están ahí; no tienen ni siquiera conciencia de sí mismos; en mi opinión, sienten la misma felicidad que una ameba.
Llega la etapa del aprendizaje. Nos ayudan a andar, a comer y también nos mudan los pañales. Dependemos en todo de los adultos. De hecho, durante una gran etapa de nuestra vida, todo el mundo, menos los amiguitos, son mayores que nosotros: médicos, profesores, actores, camareros... -"No hagas esto, no hagas lo otro, te lo tienes que comer todo... ". Un horror.
Llegada la pubertad empezamos a hacer "nuestros pinitos", acrobacias y caídas. Cuando somos adultos, tomamos nuestras propias decisiones y, puede que nos equivoquemos, ... pero, qué libertad se siente!!!. Tenemos una vida estable, un trabajo, una pareja; todo lo que de niños anhelabamos ser. Luego vienen los hijos, las responsabilidades de verdad y, sin nosotros darnos cuenta, nos hallamos en nuestro zenit. Es cuando nuestro nivel intelectual es mayor; cuando más guapos somos; cuando mejor nos lo pasamos, y ahí es cuando aparece, aunque invisible como toda linea axial que se precie, nuestro Bio-eje de simetria. Nos creemos los amos del universo y que eso de envejecer, de dolores y de achaques no va con uno. Eso sólo le pasa a los demás.
De repente, un buen día, nos vemos una incipiente arruga, alguna cana y que nos duele una rodilla cuando cambia el tiempo. También adviertes que la mayoría de las personas a tu alrededor son más jóvenes: peluqueros, actores, dependientes... Tus propios hijos te pueden decir qué hacer y qué no.
Pasado el tiempo nos tendrán que ayudar a comer, a andar, a vestirnos y, en última instancia (horror de los horrores) a cambiarnos los pañales. Llegado el momento nos sumiremos en ese letargo -o eso desearía yo para no ser consciente de ello-. No es que seamos mayores. No pertenecemos a la tercera edad; somos simplemente VIEJOS.
Creo que ya no tendremos conciencia ni de nosotros mismos. En mi opinión, sentiremos la misma felicidad de una ameba.
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